La imagen nos sigue allá por donde vayamos; diseños, carteles, dibujos, escaparates… Y, sin embargo, los ilustradores son figuras invisibles para el público. Nadie se pregunta quién son aquellas personas que están detrás de esos dibujos, lo cual, en cierta medida, dificulta que se respete los trabajos y derechos de los autores.
Esta es una de las ideas que extrajimos del discurso de Max, presidente de la Federación de Asociaciones de Ilustradores Profesionales, el pasado viernes en el Centro Andaluz de Las Letras. Allí estaban Pepo Pérez -dibujante del cómic El vecino- Max -Premio nacional de ilustración y Premio nacional de cómics- y Mariona Sardá, abogada especialista en derechos de autor.
Pero este que apuntaba el galardonado autor no es el único problema de los ilustradores; el dibujante, visto como alguien vago y bohemio, parece que no merece ser pagado ya que su trabajo le resulta gustoso. Por otro lado, tampoco sus derechos como creador se salvaguardan, pues internet facilita la expansión de los dibujos sin ton ni son, creando problemas de plagio. Y dijo Pepo Pérez plagio por no decir “copia-pega”, lo cual sucede en numerosas ocasiones. Para evitar esto, Mariona, como buena abogada en defensa de los dibujantes que es, hizo un resumen de cómo evitar tanto el plagio como las pequeñas trampas que aparecen en los contratos.
Estas circunstancias, en ocasiones tan desfavorables, son el germen de las Asociaciones Autonómicas federadas por FADIP. En ellas, se informa a los ilustradores sobre sus derechos y sobre cómo gestionar sus trabajos, es decir: leyes que les amparan, tipos de contratos, declaración de impuestos, elección de agentes y, sobre todo, acerca de las medidas de protección necesarias para poder enfrentarse tanto a las grandes empresas como a las pequeñas editoriales. Porque, a pesar de todo, existe la necesidad de los contenidos que ofrecen los ilustradores, pues como dijo Max “aún no hay máquina que dibuje sola”. -Carmen Reina













