Deslumbrante y con elegancia, el joven Pablo Amorós sale fugazmente al escenario, zarandea sus dedos, asiente firmemente con la cabeza y comienza a llenar de partituras mágicas, con fuerza, inteligentes y expresivas el auditorio del Museo Picasso.
Entre curiosos, amantes de la música y la cultura, profesionales y pianistas comienza a sonar la Música en Cuatro Tiempos de Leonardo Balada. Notas lentas, enérgicas y tiempos variados se entrelazan hasta llegar al romanticismo con la interpretación de Chopin. Amorós recibe los aplausos del público sin soltar el piano, justo antes de que las esperadas Mini-miniatures de Balada comiencen a fluir por las butacas, ese conglomerado de “pequeñas píldoras que generan universos personales pero imbricados entre sí cuando se trata de piezas rápidas o lentas”, según su autor. Una obra abstracta y surrealista que requiere ser interpretada con expresividad, un trabajo dinámico repleto de cambios inteligentes donde hasta los silencios suenan. Nuevamente, la ovación del público asistente se manifiesta con entusiasmo.
La Preludis Obstinants, compuesta por Balada en dedicatoria a la fallecida pianista Alicia de Larrocha, también forma parte de la segunda parte de este recital de sonidos. Un interesante discurso musical que logra crear en el auditorio un clima hipnótico gracias al carácter repetitivo de las notas. Pablo Amorós va deslizando su alma en cada melodía y respira al compás de esta montaña rusa de notas musicales. Acentos, cluster, columnas de color, melodía, más acentos, minimalismo, reiteraciones… “Una pieza subliminal”, se oye en boca de alguno de los espectadores, mientras el balanceo de sus manos se percibe desde mi butaca.
Three Little pieces for piano, compuesta por Bomi Jang y las Persistencies de Leonardo Balada protagonizan los últimos compases del magistral recital de piano. Aplausos y más aplausos, con un Amorós sonriente, y un Balada agradecido, ambos sobre el escenario. El auditorio no se calla. Acaban de salir destellos durante una hora y media de un instrumento en soledad, el piano. -Cris de la Torre













